La burguesía anglosajona radicada en Estados Unidos no quiere compartir su territorio con seres humanos provenientes de otros territorios; no quiere frenar la multiplicación de su opulencia para que otros puedan comer; no quiere consentir la presencia de más invasores. Rechaza brutalmente a los doce millones de “ilegales” y quiere blindarse contra la penetración latina.
La construcción de un muro de 3.000 km. es una de las expresiones del ánimo aislacionista que va dominando a dicha burguesía. Su nerviosismo no se queda allí y refuerza su enclaustramiento con 6.000 efectivos de la Guardia Nacional para impedir el acceso de los desesperados emprendedores que pugnan por ingresar a los territorios que los anglosajones les quitaron a los navajos, los siux, los secuoyas, y más habitantes nativos de Norteamérica.
Los anglosajones no solo se sienten amenazados por la presencia física de los que quieren ingresar a los Estados Unidos, sino también por la influencia cultural que pueden alcanzar otras etnias. Así se explica su presurosa declaración del inglés como idioma oficial del imperio.
¿No son estos signos de que la globalización tiene ciertas tendencias peligrosas para los Estados Unidos? ¿No son estas pruebas sólidas de que el país que más ha venido impulsando, conciente e inconcientemente, la globalización, ahora el fenómeno se le escapa de control y comienza a replegarse?
Lo cierto es que desde un punto de vista teórico la construcción del muro en la frontera con Méjico, el cordón armado de la Guardia Nacional apostada en la misma frontera y la declaratoria del inglés como idioma oficial, colocan a Estados Unidos entre los sienten alguna repugnancia por el neoliberalismo y la globalización.
En la práctica creemos que esos serán los resultados: estas y las otras medidas yanquis contra los migrantes alejarán al mundo del neoliberalismo y fomentarán el proteccionismo, en tanto que serán otras economías las que comiencen a sacar más ventaja de la incontenible globalización del planeta.
Con miras al futuro es un error garrafal poner cualquier tipo de restricción al uso y expansión de un idioma, especialmente si se trata del español, el chino, el ruso o el inglés. Las relaciones comerciales exigen que esos idiomas sean conocidos por los directivos de las empresas públicas y privadas internacionales. Y Estados Unidos se va en dirección contraria. Ya tendrá tiempo para arrepentirse. Los errores en política siempre se pagan.
La siguiente pregunta es ¿Se detendrá allí la burguesía anglosajona y mejor hará rectificaciones? La Historia nos contesta que no. Las tendencias sociales internas de las colectividades no se pueden manejar conciente y racionalmente. La burguesía anglosajona seguirá precipitándose hacia su decadencia y extinción, por lo que no podemos esperar rectificaciones, sino, al contrario, más reacciones sintomáticas de su miedo al fin que se les aproxima: mayor rechazo a las demás etnias y a las demás culturas. No cambiará políticamente en la dirección que le permita renovarse, recobrar fuerza y pujanza. Zozobrará como zozobró el Partido Comunista de la Unión Soviética, que no pudo asimilar los esfuerzos renovadores de las mentes lúcidas, como la de Mijail Gorvachev, y que persistió en sus defectos, en los defectos que estaban llevando y finalmente llevaron a la quiebra del Estado soviético.
Ese muro, esa Guardia Nacional, esa declaratoria del inglés como idioma oficial de Estados Unidos, son contribuciones a la lucha contra el neoliberalismo.
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