EL VOTO ENTRE LISTAS DEJA UN SALDO NEGATIVO

El voto entre listas resultó un cambio contraproducente porque indujo a los partidos y movimientos políticos a bajar el nivel y calidad de sus candidatos, tal como se ha podido comprobar en las distintas elecciones sucedidas en el siglo XXI.
Un ejemplo nos ayuda a comprender el asunto. Hace 4 años el Dr. Manuel Vivanco perdió la elección porque la Dra. Carmen Ocampo, que se hallaba en el segundo puesto en la lista de candidatos le aventajó en votos; lo mismo le ocurrió a Wadei Mahuad, que fue derrotado por su propia compañera de fórmula, la Dra. Soledad Aguirre. Lo mismo sucedió con los candidatos a concejales. Este fenómeno se presentó en todas las provincias, por lo que los políticos hicieron experiencia nivel nacional. La lección que les dejó fue la de que el candidato más fuerte dentro del partido, que se asegure la postulación en el primer puesto de la lista, para no correr el riesgo de que le pase lo mismo que a Manuel Vivanco o Mahuad, tenía que llenar la lista con ciudadanos de bajo perfil, con ilustres desconocidos, que a lo sumo se promocionen para próximos eventos electorales, pero que no se conviertan en triunfadores.
Un examen de las listas de candidatos a diputados, consejeros y concejales de la campaña que acaba de terminar deja traslucir claramente esta táctica, buena para los que encabezaron las listas, mala para la ciudadanía. Con excepción de Rafael Dávila que se arriesgó con Soledad Aguirre en el segundo puesto, los demás no se pusieron peligrosos rivales dentro de su propia lista.
Los resultados son contundentes: no se repitió el caso de que el candidato de primera línea fuera desplazado de la elección por alguno de sus compañeros de fórmula. Para el futuro tenemos el mismo panorama: los partidos y movimientos políticos estarán obligados a postular un buen candidato en el primer lugar y para los demás lugares nominarán militantes de bajo perfil, a menos que dentro del partido se llegare a imponer una fracción interesada en ganar la elección con otro militante que tendría que derrotar a su compañero del primer puesto.
El sistema de voto entre listas es perverso, profundamente perverso, convierte en rivales y competidores a los mismos compañeros de lista, lleva indefectiblemente a la traición.
¿Se mejoró la composición de la Asamblea Constitucional en las elecciones de 1997, cuando se aplicó por primera vez el voto entre listas? Era tan buena o tan mala como el Congreso Nacional que funcionaba simultáneamente, tuvo una mayoría arrolladora de social cristianos y demócrata populares, que terminaron dándonos una nueva Constitución sin innovación ideológica, y con algunas disposiciones nefastas como las del candado constitucional y la transitoria que afectó al IESS.
¿Se mejoró la calidad de los diputados elegidos para el Congreso Nacional en 1998 y 2002? Nadie creo que pueda dar una respuesta afirmativa. ¿Se habrá mejorado la elección de diputados que hicimos el 15 de octubre pasado? Todo parece indicar que a partir de enero de 2007 tendremos un Congreso Nacional más pobre y mediocre que el que está por salir.
La derecha promovió el cambio que creó la facultad del ciudadano para votar entre listas, con el ánimo de engañarlo al pueblo al hacerlo creer que ella se interesa en mejorar la situación, pero sabiendo perfectamente que las cosas seguirán iguales. Es la vieja táctica de cambiarlo todo para que todo siga igual. Y en este caso fuimos de Guatemala a Guatepeor. El voto entre listas debe ser eliminado y el pueblo para no pasar por estas pérdidas de tiempo que representan los cambios de maquillaje, debe unirse sólidamente a los partidos de izquierda que son los que verdaderamente promueven los cambios estructurales.

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