EL ROL QUE CUMPLIÓ EL SEMANARIO FLECHA

En la década de los años 60 del siglo XX la ideología de las clases dominantes de Loja aún incluía el criterio de que el “Partido Conservador es el partido de los católicos” y de que para irse al cielo había que votar por los candidatos de la derecha. Dentro de esa concepción ampliamente divulgada y aceptada, que les daba tan buenos réditos electorales a los últimos señores feudales de nuestro territorio, liberales y comunistas, representaban por igual a la izquierda, a los enemigos de Dios, de la Patria y de la Libertad, como verdaderos representantes del demonio sobre la Tierra. El anticlericalismo de liberales y comunistas contribuía a reforzar esas creencias, que hoy se han erradicado y se las ve como lo que eran en realidad: mentiras para conseguir que los fieles sinceros decidan infantilmente al momento de votar.

Esta realidad ideológica y política vino a combatir y desmoronar el semanario FLECHA, que fundamos los miembros del Consejo Directivo Provincial del Partido Demócrata Cristiano, que fundamos en 1964, cuando cursábamos los primeros años de estudios universitarios. La responsabilidad la tenía precisamente el indicado Consejo Directivo y se evitaba el culto a la personalidad, por lo que sus redactores no gozaban de publicidad, no se puede recuperar todos sus nombres y en mi memoria quedan José Bolívar Castillo, Luís René Vallejo, Franklin Ordóñez.

La política editorial tuvo temas recurrentes que apuntaron fundamentalmente a desentrañar y sacar a la luz el falso y engañoso discurso de la derecha, como los siguientes:

La Democracia Cristiana repitió que se inspiraba en el espíritu cristiano para elaborar su Declaración de Principios Políticos, pero de ninguna manera reclamaba representar a creencia religiosa alguna ni exigía el requisito de estar adherido a alguna fe para afiliarse al partido, al que podían llegar tranquilamente los ateos que encontraren como solución para los problemas socio-económicos del Ecuador el “socialismo comunitario”, que pretendía eliminar por completo la empresa capitalista para remplazarla por la “comunitaria”, en la que la propiedad correspondería a los trabajadores y por lo tanto no habría capitalistas;

Se afirmaba que la derecha tenía una ideología capitalista, favorable para los ricos explotadores, culpables de la pobreza de la gran mayoría de compatriotas, en consecuencia incompatible con el verdadero cristianismo, y que en lugar de defender al catolicismo lo que hacía era aprovecharlo y explotarlo, con absoluta falta de respeto a Dios y a los fieles;

Difundimos con intensidad las características del capitalismo, lo denunciamos y combatimos sin tregua, analizando los actos y decisiones de los líderes de la derecha política y económica, para demostrar su adhesión a los principios del liberalismo económico, que ha causado tantos estragos a la sociedad desde el siglo XVIII;

Hicimos frecuentes reproducciones y comentarios de los pensamientos de los Padres de la Iglesia, como San Agustín, San Juan Crisóstomo, abiertamente contrarios a la propiedad privada de los bienes de producción y abogados indiscutibles de la propiedad colectiva, con el fin de destruir el mito de la derecha, de que para los cristianos la propiedad privada era sagrada y se la tenía que respetar y defender absolutamente. Nos apoyábamos al respecto, en lo poco que podíamos, en las encíclicas de los últimos cien años, que los ricos las esconden e impiden su difusión;

Proponíamos una tercera vía de desarrollo del continente, en rechazo al capitalismo liderado por Estados Unidos y al modelo socialista de la Unión Soviética, por lo que nos alejamos del fanatismo que se sembraba interesadamente por los enemigos del cambio social bajo la etiqueta del “anticomunismo”, cuyo espíritu antidemocrático demostramos teórica y prácticamente al denunciar la intolerancia de las persecuciones que las dictaduras de América Latina ejercían contra todo elemento progresista, al mismo tiempo que reclamábamos el derecho de los comunistas a existir legalmente y participar en la vida política; al hacerlo introdujimos en el lenguaje político la idea del pluralismo, que poco a poco se fue imponiendo y que tanto debilitó a las clases dominantes;

Otra innovación a la que contribuyó FLECHA fue la de introducir en el debate político la necesidad de la integración económica, social y política de América Latina, como indispensable para alcanzar la fuerza necesaria para hacer prevalecer nuestros intereses, ante la explotación que sufrimos de parte de Estados Unidos;

Destruimos tabúes como los que rodeaban a la “reforma agraria”, la “reforma urbana”, el “socialismo”, el movimiento sindical y las huelgas, que la derecha presentaba como producto de agitadores enemigos de la paz pública, y los convertimos en aspiraciones justas y necesarias, que no se debía responder con represión sino con medidas socio-económicas que provean a los trabajadores de ingresos suficientes para llevar una vida digna, con satisfacción de sus necesidades vitales;
Si al comenzar a publicarse FLECHA era en nuestra sociedad de “mal gusto” hablar en la prensa de los problemas y circunstancias que caracterizaban la vida de los campesinos y trabajadores de la ciudad, era de “mal gusto” mostrar públicamente nuestras miserias y necesidades, nosotros en cada número dedicábamos amplios espacios a estos temas, hasta que los hicimos parte inevitable de los espacios informativos de todos los medios de comunicación colectiva, lo que reforcé cuando dirigí la estación local de Radio Nacional del Ecuador.

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