En Loja la conducta machista de las madres más que nada y también la de los padres y de los maridos, constituye una barrera casi infranqueable que corta brutalmente la posibilidad del desarrollo científico, político, y en último término, humano, de las mujeres.
Y el 99% de las mujeres se resignan y doblegan ante tan calamitosa situación, paradójicamente en una provincia que ha ofrecido al país patriotas como Nicolasa Jurado o Matilde Hidalgo.
En el presente año electoral, por mandato legal, en las listas de candidatos a diputados por la provincia de Loja, obligatoriamente tendrá que incluirse dos mujeres como principales y dos como suplentes. Si se van a inscribir como 10 listas, se necesita 40 mujeres para nominarlas. ¿Cuántas hay?
Como profesionales, con éxito en el desempeño de su carrera, podemos contar por centenares. Mujeres con una inteligencia capaz para adquirir las habilidades suficientes para desempeñarse como legisladoras, también hay por centenares. Pero mujeres con experiencia en el batallar político, en la lucha por los derechos de los marginados, entrenadas en el debate ideológico, conocedoras en el terreno de la realidad provincial, son completamente escasas, motivo por el cual los partidos y movimientos tendrán que rellenar las listas de candidatos a diputados a como dé lugar y tendrán también grave dificultad para elaborar las listas de concejales y de consejeros.
Las madres de las jóvenes no les dan permiso para que puedan concurrir a las sesiones de los partidos, a las manifestaciones públicas, a los seminarios, a los eventos culturales de asistencia voluntaria, a los comités políticos o barriales, a los actos sociales imprescindibles actualmente en el mundo de los negocios y la vida de la ciudad. Para las madres es más importante que las chicas estén en casa lavando, cocinando, planchando, barriendo, haciendo el mantenimiento material del hogar. Eso resulta más útil e importante para las mamacitas, que además ganan en tranquilidad porque reduce el temor de que cualquier día la hijita aporte con una guagua a la familia. Para que ello no ocurra no se detienen en interrumpir drásticamente el desarrollo de la personalidad de las jóvenes.
Los padres no se quedan atrás, no se libran de culpa, en algunos casos su culpa es mayor, pero estadísticamente hablando, son las madres las principales responsables de este daño que se causa individualmente a las jóvenes, y como es una práctica generalizada, a la sociedad entera, que queda privada de la contribución de esas inteligencias condenadas a permanecer congeladas. La mayor cantidad de excusas y de explicaciones, muchas veces de lamentaciones, es la de que “mi mamá no me dio permiso”.
El matrimonio no es la liberación para las mujeres lojanas. Hemos visto a decenas de destacadas señoritas, que prometían una brillante carrera en la administración pública por sus dotes intelectuales y administrativas, por su oratoria y espíritu de cooperación, que se eclipsaron y pasaron al anonimato tan pronto se casaron, porque los maridos se convirtieron en los nuevos y definitivos obstáculos para su desarrollo personal.
El machismo que afecta profundamente a las madres lojanas, a sus esposos y a los de sus hijas constituye un comportamiento deplorable que agrava los problemas socio-económicos del país. Es una forma atroz de entorpecer directa e inmediatamente el progreso moral e intelectual de la mitad de la población, e indirectamente de toda la sociedad ecuatoriana, porque esas mujeres transmiten a sus hijos sus deficiencias culturales, políticas y científicas.
Los partidos políticos deben poner en marcha intensas campañas contra el machismo. Los padres, las madres y los esposos deben cambiar pronto y radicalmente su actitud que anula la capacidad de las mujeres. Y las mujeres deben entender que no es aceptable la excusa de que no les han dado permiso. Preocuparse por los problemas de la sociedad y contribuir por todos los medios a solucionarlos es obligación de todos, hombres y mujeres. Cuánto ganaría la provincia y el país si nuestras mujeres se llenaran del coraje, la responsabilidad y el patriotismo de aquellas que burlaron las normas imperantes, se vistieron de hombres y se integraron a los ejércitos libertadores.
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